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Bichos y bestias

Reconozcámoslo: en general, nos cuesta un poco innovar. Gastronómicamente hablando, quiero decir. Estoy seguro de que hace veinte años, si hubiera afirmado que los cebiches, los sushis y las algas estarían a la orden del día, más de una y de dos personas me hubieran insultado.

Y es que la cocina, como todo, tiene una parte cultural muy importante. Y eso que, viviendo en un país mediterráneo, tenemos la suerte de tener una dieta muy variada y poder acceder a ingredientes de lo más variados.

Pero, aún así, en países más lejanos nuestra dieta les puede parecer una auténtica aberración. Y ahora mismo tengo en la cabeza un mamífero que nosotros nos comemos y hacemos guisos y recetas que forman parte de nuestro recetario tradicional, y que en Estados Unidos, por ejemplo, son un animal doméstico y ni se les ocurriría comerse ‘ls. Hablo, sí, de los conejos. Yo, personalmente, no lo como si no es que me sirven en una comida. Quiero decir, que no pido nunca, de conejo, pero en muchas casas, en muchos restaurantes, es un plato más o menos habitual. Encontramos en el mercado y en Cataluña hay un montón de criadores que hacen una carne buenísima. Y no nos planteamos, en ningún momento, que sea una aberración. ¡Porque no lo es!

Del mismo modo, en los países del sudeste asiático los perros forman parte de la dieta. Y seguro que a nadie de aquí se le ocurriría matar para comer, ¿verdad? O en esa zona, y algunos países sudamericanos, hay bestias como los escorpiones, escarabajos, gusanos y otros que se venden fritos, encurtidos y listos para convertirse en un aperitivo, dicen, delicioso. Ya es una cuestión de atrevimiento decidirse a probarlos. Total, dicen lo que lo han hecho, entre los que no me incloc- que tienen gusto a pollo. A saber. Y en otros países comen serpientes, y cocodrilos, y canguros …

Seguro que los productos de este mercado de Saigón en comeríamos la mayoría, pero otros que no salen en la foto, no te los comerías ni en broma.

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Y si nosotros no consideramos que nuestra cocina sea una ‘mierda’ porque comemos cosas que en otros países serían impensables, me hace levantar una ceja cada vez que escucho a alguien quejarse la cocina de otros países porque comen cosas que nosotros no. ¿Qué problema hay? En la variedad está el gusto y, más allá de la herencia cultural que tenemos, deberíamos tener la mente un poco más abierta.

No quiero decir que tengamos que comer cosas que no queremos. Nadie nos obliga a comer lo que no queremos, pero no podemos obligar a nadie, tampoco, a cambiar su dieta para que no nos guste lo que come. La tolerancia también es importante en la cocina.