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Verdes y peludos

Has llegado aquí, tal vez, esperando un escrito sobre monstruos o marcianos -por título, quiero decir-, pero no. Aquí hablamos de cocina y de viajes y mientras el hombre no pise Marte y encuentre seres verdes y peludos, sólo podemos hablar de algo terrícola que sea verde y peluda: el kiwi.

Me gusta mucho viajar y el alto de la lista de destinos tengo Australia y Nueva Zelanda. No he ido. Pero no sufráis porque si termino yendo, publicaré, no una, sino seis mil entradas sobre el tema. Pero mi afición viajera incluye un punto de masoquismo, ya que también me gusta preparar viajes para los amigos. Y este verano -Rabat rabieta- me tocó preparar uno, precisamente, en Australia y Nueva Zelanda para una amiga.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque mientras me documentaba un poco para elegir la mejor ruta, y asumiendo, como imagino que nos pasa a la mayoría, que Nueva Zelanda, sin los kiwis -y sin el Frodo, el Gandalf y los elfos- no sería lo que es, descubrí que el país, en realidad, no es ni siquiera el primer productor mundial de esta fruta.

Los hobbits viven en Nueva Zelanda, pero no sabemos si comen kiwis.

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Aprovecho el blog, pues, para aclarar el tema: los kiwis son originarios de China, y en Nueva Zelanda no llegaron hasta hace poco más de cien años. De hecho, el primer productor mundial de kiwis lo tenemos muy cerca de aquí: Italia. Nueva Zelanda está en el segundo lugar del ranking y, ya a más distancia, encontramos países como Chile, Grecia o Francia. Incluso en España se producen kiwis, aunque a menor escala. Hablo de kiwis vegetales, claro. Porque el kiwi, el pájaro, sí es originario y endémico de los antípodas.

Este pájaro adorable también se llama kiwi y sí es originario, y endémico, de Nueva Zelanda.

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Los neozelandeses, sin embargo, han triunfado en el apartado de marketing y han conseguido que la mayoría pensamos -o al menos lo hacíamos hasta el párrafo anterior-, que los kiwis vienen de allí. Y no sólo son verdes y peludos, sino que también los hay amarillos y peludos, algo más dulces. Está claro que esta fruta, que hace un par de décadas nos parecía lo más exótica del planeta, ya es bien fácil de encontrar. Y si desea alguna idea para utilizarla en recetas, vea este vídeo donde preparan una salsa de kiwi para ensaladas -la chica se enrolla más que una persiana pero aunque no la entendáis a ella, la receta sí se ‘entender