Napolitana, mucho más que una deliciosa pieza de bollería
Se ha convertido por derecho propio en uno de los clásicos básicos dentro del mundo de las piezas de bollería. Al fin y al cabo, hoy está presente en desayunos y meriendas, pero también como tentempié a media mañana o incluso como postre tras la comida.
Efectivamente, nos estamos refiriendo a la napolitana en todas sus versiones, siendo la de chocolate una de las más populares y deliciosas.
Pero detrás de este exquisito y dorado bocado existe una historia mucho más interesante de lo que su nombre podría hacer pensar. Su origen está relacionado con la tradición europea de las masas fermentadas y hojaldradas y, aunque en España la conocemos como napolitana, no está demostrado que naciera en Nápoles como te vamos a contar.
¿Cómo es una napolitana y cómo se elabora?
Como decíamos, la napolitana es una pieza de bollería que pertenece a la familia de las viennoiseries y comparte con el cruasán una característica fundamental: la utilización de una masa fermentada y hojaldrada.
Esta se consigue combinando harina, levadura, agua, leche, azúcar, sal y materia grasa, generalmente mantequilla, mediante un proceso de amasado, reposos, fermentación y sucesivos plegados.
El resultado es una masa formada por múltiples capas que, al entrar en el horno, adquieren volumen y una textura exterior crujiente, mientras el interior conserva una estructura ligera, esponjosa y laminada con espacio suficiente como para poder enriquecerla con un relleno.
En su versión dulce, el relleno más característico es el chocolate. De hecho, el pain au chocolat francés se define precisamente como una pieza de viennoiserie elaborada con masa fermentada y hojaldrada y rellena con una barra de chocolate.
Pero también acepta otras versiones, tanto dulces como saladas, siendo la napolitana de jamón y queso otra de las versiones saladas más populares y consumidas en el mundo.
Una historia con raíz francesa que en España adquiere nombre italiano
Seguro que muchas personas piensan que la napolitana es una pieza original de Italia (como es el caso del Panettone) por su clara alusión a la ciudad de Nápoles. Pero aquí aparece una de las curiosidades más interesantes: su historia está más ligada a nuestros vecinos franceses. Pero entonces, ¿por qué se llama napolitana?
Pues lo primero que conviene aclarar es que no se denomina universalmente napolitana sino que en España es uno de los pocos países en los que recibe ese nombre. A qué se debe sigue siguen siendo un misterio…
De hecho, no existe ninguna evidencia histórica sólida que permita afirmar que la napolitana tenga algún tipo de vinculación con Nápoles. Lo que sí está acreditado es su estrecha relación con el pain au chocolat, denominación utilizada en Francia y recogida también por Larousse, que traduce precisamente pain au chocolat como “napolitana de chocolate” en español.
La historia de esta familia de bollería tiene su origen en la evolución de las masas vienesas y su posterior desarrollo en Francia durante el siglo XIX. De esta tradición surgieron diferentes piezas de masa fermentada y hojaldrada, entre ellas el cruasán y el pain au chocolat.
Con el tiempo, estas elaboraciones que tanto se hacían en Francia se extendieron por otros países europeos y adquirieron nombres, formas y rellenos propios. Y entre los países a los que llegaron asentándose con gran aceptación fue España, uno de los pocos lugares en los que adquirió el término “napolitana”, especialmente en su versión de chocolate.
Del chocolate a las versiones saladas
Aunque hoy encontramos napolitanas de muchos tipos, la versión dulce de chocolate es la más reconocible y consumida. También existen napolitanas de crema pastelera y nata.
Pero la evolución no terminó ahí. La forma y el tipo de masa se adaptan perfectamente a ingredientes salados, dando lugar a combinaciones como jamón y queso.
Estas versiones saladas utilizan la misma lógica: una masa hojaldrada que envuelve un relleno y se hornea hasta conseguir una superficie dorada y crujiente.
Por eso, hablar de una única “napolitana original” puede resultar engañoso. Históricamente, la pieza que más claramente se corresponde con su antecesor francés es la de chocolate, mientras que las versiones de crema, jamón y queso y otros rellenos representan la evolución posterior de un formato que ha demostrado una enorme capacidad de adaptación.
Una pieza que ha ganado un lugar propio
La napolitana ha conseguido algo que no todas las elaboraciones tradicionales logran: mantenerse presente mientras cambia a su alrededor la forma de desayunar, merendar o disfrutar de la bollería.
Crujiente por fuera, tierna por dentro y con un relleno que permite jugar tanto con lo dulce como con lo salado, hoy funciona igual de bien acompañando un café por la mañana, en una merienda o incluso como pequeño postre.
Las puedes encontrar industriales en los supermercados o elaboradas de forma casera y artesanal en panaderías y confiterías (opción que recomendamos).
Más allá de su nombre y de las dudas sobre su origen exacto, la napolitana representa la evolución de una tradición pastelera europea que ha sabido adaptarse a los gustos de cada lugar. Y quizá ahí reside parte de su encanto: en algo tan aparentemente sencillo como una masa hojaldrada rellena cabe toda una historia de viajes, técnicas y sabores.


